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EL MAESTRO DE AYER, HOY Y SIEMPRE

Hablar del rol del docente en la escuela, significa no sólo pensar las formas de “hacer educación”, sino una manera de “hacer la vida”. Porque conforme pasa el tiempo, evolucionan las sociedades, las prácticas educativas cambian, los sujetos incorporan diferentes conocimientos y los docentes también adoptan otras formas de enseñanza.
Todo esto puede formar parte de un ideal de educación, un ideal de escuela, un ideal de formación.

Pero ¿qué sucede cuando nos enfrentamos con la realidad de la escuela pública del nuevo siglo?

Graciela Pois es una docente que lleva más de 20 años transitando los vaivenes de la educación. Hoy es la maestra a cargo del 1° año de la escuela N° 121 de La Plata y en pocas palabras logra resumir una problemática difícil de sanear “la formación de los chicos como sujetos sociales se ve interrumpida por situaciones que ni siquiera nosotros, los grandes, somos capaces de desentrañar”. Pero no es la intención de este análisis adentrarse en las problemáticas sociales que se viven en estos tiempos, sino más bien, dónde ellas desembocan.

Volviendo al tema anterior, éstas interrupciones en la vida de los chicos pueden ser, para la docente, una de las causas de “algunos desajustes emocionales que provocan comportamientos agresivos dentro y fuera del aula”. Además, los profesores asumen las condiciones socioculturales de sus alumnos como una barrera que les impide la promoción y movilidad social. Aprecian como limitadoras de su labor pedagógica las condiciones de trabajo que le son adversas: aulas con excesivo número de alumnos, sin los recursos didácticos necesarios, con estudiantes desmotivados y poco receptivos a las nuevas experiencias.

Se da entonces el ausentismo escolar con el consecuente impacto negativo sobre su desempeño, provocando la repetición reiterada de un mismo curso, uno de los factores asociados con la Deserción Escolar, siendo ésta una de las expresiones de la exclusión. En fin, una cadena de nunca acabar.

Graciela pois no duda en afirmar que “Todo esto conlleva a una desmotivación absoluta y causa desgano en todas partes. Las maestras porque no vemos predisposición, porque los chicos a veces ni fuerzas tienen para prestar atención y justamente los chicos, que transitan una etapa de desarrollo tanto motriz como mental, se ven influidos por la educación de puertas adentro” o sea la de las familias.

La experiencia propia

Un recorrido por la escuela N° 60 de Ringuelet denota aquellas características que se mencionaban en cuanto a la relación alumno-sociedad-escuela. Pero también existe dentro del establecimiento una fuerte postura inclusiva que roza la “liviandad”. Con esto se apunta nuevamente a ese rol del docente que algún día supo ser el de enseñar las matemáticas y hoy se le suma la tarea de compresión, compasión y a veces hasta debe soportar las agresiones de sus alumnos.

Hace no muchos años atrás, hablarle a la maestra con un tono de voz más elevado que el normal implicaba una sanción correctiva en la dirección. No queremos decir que esto sea lo correcto, pero ¿qué imagen tiene cada uno de ustedes de aquel docente de la escuela primaria? ¿Quién les enseñó valores tales como el respeto al prójimo, a los mayores a la institución?.

En la escuela N° 60 estos valores pasan casi desapercibidos, los gritos a las maestras son moneda corriente, las burlas en las canciones patrias igual y ni hablar del trato entre pares, entre compañeros.

Y nuevamente surge en el medio de cada charla, la problemática social por la que el alumno atraviesa y es atravesado. Esta vez de boca de la Directora de la escuela o de la maestra a cargo “no es fácil” dicen casi simultáneamente. Con un dejo de tristeza por el carácter “urgente” del problema.

Y parece una frase repetida hasta el hartazgo, pero no hay, a nuestro entender, otra forma de hacerlo que juntos, entre todos desde abajo y para arriba. Porque hacia arriba se sale del pozo, se emerge, se vislumbra. Todo lo que se necesita para actuar como sociedad, como aquellos alumnos que alguna vez fuimos y seguiremos siendo. Para ayudar, porque en esas manos docentes está y siempre estarán el presente y el futuro.

Desde este blog proponemos un ejercicio para poner en práctica, tanto grandes como chicos, a la hora de pensar la escuela: Busquen a la persona mayor más cercana y háganle preguntas sobre cómo eran sus maestros o profesores de la escuela. ¿Cómo los recuerdan? ¿Qué enseñanzas les dejaron (más allá de las curriculares)?

Ahora piensen cuáles enseñanzas creen ustedes que recibieron de sus propias maestras o profesores y lo mismo para sus hijos o hermanos.
Hay recuerdos que valen más que mil palabras.